Memoria

Me llamó pero no dijo las palabras que quería escuchar, ni las que ella pensó: Vete, vete y no vuelvas nunca. No entiendo porque no lo hizo, me rio de ello. Tan ciertas que todavía las tengo de memoria en algún zapato perdido. Me dejó con una piedra en la espalda y con los brazos jodidos de heridas. Valen más aquellos pensamientos que decía y repetía como máquina chirriante: te quiero ¿Lo pensaba a cada maldito minuto y nunca me lo dijo? Prolongo mi agonía viéndome partir y dejándome solo. Ella lo sabía, pero le valió madres; he hizo bien, porque logro al final, algo que yo no pude: madurar. Habrá que seguir acomodando basura entre los estantes, y entre los muebles, pero lo importante es no dejar de escribir, sinónimo eterno de mi camino, pero jamás de mi salvación.

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